Las bañeras negras

agosto 22, 2010 at 10:04 pm 2 comentarios

Por G.L | Publicado en Eterna Cadencia.

“No importa lo que el pasado ha hecho de nosotros, sino lo que nosotros hacemos con lo que hicieron de nosotros” Jean- Paul Sartre.

Un golpe a los libros es un valioso documento de lo que fue la represión a la cultura durante la última dictadura militar. A partir de un archivo encontrado en el 2000, aparentemente por casualidad, en una bóveda del ex Banco Nacional de Desarrollo, Hernán Invernizzi y Judith Gociol reconstruyen los años de censura a partir de 1976. Los seis paquetes de documentos habían quedado depositados en la Conadep a la espera de que una investigación se ocupara de ellos.

El libro, publicado en 2002 por Eudeba, describe cómo se censuró durante años a la literatura argentina e internacional. La metodología, las estrategias utilizadas, la selección de los enemigos y el sistema de control que utilizó el gobierno militar durante, son algunos de los aportes que esta obra deja para nuestra historia.

La investigación comienza con los antecedentes históricos, analiza la estrategia y la estructura operativa del sistema de control y el mecanismo de censura a los autores y libros. Luego analiza casos puntuales de editoriales como el de Editorial Eudeba, Ediciones de la Flor y el caso de la filial argentina de la editorial mexicana Siglo XXI. Entre algunos de los libros que fueron prohibidos de esta última editorial figuraban El diario del Che, Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano; Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire, La pasión según Trelew de Tomas Eloy Martínez o Para leer al pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelard. La casa matriz decidió cerrar la sucursal de Buenos Aires ya que había sido clausurada y allanada por la dictadura en varias oportunidades. Hubo colaboradores del sello desaparecidos y varios integrantes encarcelados o forzados al exilio.

Fue entonces cuando empezaron las grandes quemas de libros según cuenta Carlos Firpo, un imprentero que por ese entonces era jefe de producción de la Editorial Granica:

Mi experiencia más directa y primera de destrucción de libros fue en mi propia oficina. Un día, en el 76, Juan Granica me dijo que íbamos a tener que sacar todas las obras que estaban en las estanterías. Las rompí con mis propias manos. Me acuerdo todavía de la sensación que tuve cuando agarré el primer libro y le arranqué la tapa, fue terrible, se me caían las lágrimas. Era romper y tirar, romper y tirar”. Luego como las cantidades aumentaron llevaron los ejemplares a un imprentero amigo que los guillotinaba“.  Según estima Firpo, cargaron un camión y destruyeron por lo menos diez títulos: no menos de 20.000 volúmenes. Quizás, incluso, más.

Y siguieron ardiendo. El 10 de mayo de 1980, el comisario Jorge Ferranti informó por nota que en el plazo perentorio de un mes a partir de la fecha debería El Centro Editor de América Latina (CEAL) proceder a la destrucción o inutilización de la bibliografía de su catálogo que se cuestionada.

El procedimiento demoró gran parte del día: dos veces se cargó un camión en el depósito de Agüero que se trasladó hasta la calle Madariaga al 1800 donde fue pesado en la báscula de camiones. En total, 24 toneladas y media fueron arrojadas en un baldío situado en Sarandí. Alrededor de un millón y medio de ejemplares comenzaron a arder alrededor de las cuatro de la tarde. Entre ellos, la Nueva enciclopedia del mundo joven dirigida por Amanda Toubes, que fue incendiada íntegra“. La incineración se prolongó hasta las 22 horas y testigos aseguran que el humo duró dos o tres días.

Las bañeras de nuestras casas también estaban negras. Yo rompí y quemé muchos libros. Fue una de las cosas de las que nunca me pude recuperar. Mientras los quemaba, lloraba. Porque no quería que mis hijos me vieran porque no quería que lo contaran en la escuela, porque no quería que supieran que su madre era capaz de romper libros… Porque sentía mucha vergüenza”, contó la escritora Graciela Cabal, fallecida en 2005, sobre aquellos días cuándo era la secretaria de redacción del CEAL.

Los volúmenes infantiles fueron exhaustivamente censurados. Modificaron los libros de enseñanza como Páginas para mí 1, 2 y 3 de Editorial Aique o Dulce de leche de Editorial Astrada. En las escuelas solían circular dos versiones de Dulce de leche, con modificaciones que iban desde cambiar vientre por panza a cambiar este diálogo:

- ¿Qué es, papá? – dijo Gonzalo- ¿Un monumento?
- Es El Chocón. Pero sí, también es un monumento.
- ¿Monumento a qué? – pregunté.
- Al trabajo del hombre.
———————————————————————-
- ¿Qué es, papá? – dijo Gonzalo- ¿Un monumento?
- No. No es un monumento; es una gran obra de ingeniería. Pero también es un ejemplo de lo que podemos hacer los argentinos.

Al final del libro, figuran las miradas de algunos escritores como Andrés Rivera, Osvaldo Bayer, Noé Jitrik, Miguel Bonasso, David Viñas y Horacio Salas. 1976 es el año de mi biblioteca perdida. Y mi biblioteca perdida está vinculada, en mi recuerdo, con algo que escuchaba como un coro presuntamente amistoso pero que estaba impregnado de elementos amenazadores. Se me decía, en 1976, “sos boleta, David”.

“La respuesta fue irse. Y los libros se perdieron (…) Fueron muchas las bibliotecas que fui perdiendo. (…) Algunas de las personas que tienen esos kioscos en Parque Lavalle, Parque Rivadavia, Parque Centenario, tienen la cordialidad de decirme “aquí tenemos un libro con su firma”, David Viñas

La imagen que retrata la portada del libro es un cuadro del pintor argentino Carlos Alonso. Se llama Silencio Passolini y es del año 1978.

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Boludo… Se murió Fogwill Así de intermitente y de tonta

2 comentarios Add your own

  • 1. Ray Bradbury « eblog txt  |  junio 7, 2012 en 1:11 pm

    [...] Falleció ayer a los 91 años y será recordado por su novela Farenheit 451, que no es el perfume, cuidaaado, es una distopía que propone un futuro donde los bomberos se encargan no de apagar incendios sino de quemar libros por encargo del gobierno. Intentan que la sociedad no piense, pero el protagonista cambia el curso del destino cuando comienza a guardarse libros en vez de quemarlos. Esto fue escrito en los 50 pero lo hemos visto en la realidad en varios países, como el nuestro, sobre todo en la última dictadura militar. Leer más del tema en: http://eblogtxt.wordpress.com/2010/08/22/las-baneras-negras/ [...]

  • [...] Falleció el miércoles 6 de junio a los 91 años y será recordado por su novela Farenheit 451, que no es el perfume, cuidaaado, es una distopía que propone un futuro donde los bomberos se encargan no de apagar incendios sino de quemar libros por encargo del gobierno. Intentan que la sociedad no piense, pero el protagonista cambia el curso del destino cuando comienza a guardarse libros en vez de quemarlos. Esto fue escrito en los 50 pero lo hemos visto en la realidad en varios países, como el nuestro, sobre todo en la última dictadura militar. Leer más del tema en: http://eblogtxt.wordpress.com/2010/08/22/las-baneras-negras/ [...]

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